Cómo olvidar aquella tarde de julio de 1991 en el estadio de Puebla, donde nuestros Potros ganaron en un dramático partido que se definió en serie de penales tirando los once jugadores de cada equipo.
En aquella ocasión tuve la fortuna de estar en las tribunas y estábamos exactamente atrás de la portería donde se tiraron los penalties, donde la mayoría era afición de Pachuca, pero se armó un buen grupo de Atlantistas y gritamos hasta quedarnos roncos. Yo iba acompañado de familiares y amigos, y en total éramos 9 y sólo yo era Atlantista, pero cómo estarían de emocionados que también apoyaban con todo al Potro.


